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Aceptación como una conducta a la movilización, no a la resignación

Aceptación como una conducta a la movilización, no a la resignación - Psi. Tita Builes - Cuerpo y Mente

Aunque no soy madre, si vivo rodeada de ellas por mis amigas, familia y pacientes; además, tuve la fortuna de contar con una, que no por ser la mía fue maravillosa, pero en este mes dedicado a ellas, quiero aprovechar para resaltar su importante rol dentro de la sociedad y hablar sobre los interminables cambios que tienen.

Empezando por la etapa del embarazo, donde observo admirada como ceden su cuerpo a cambios corporales, a cambios en la alimentación, en aspectos tan simples, aparentemente, como el ir al baño; se vuelve en una visita constante lo que interrumpe sus demás actividades, incluyendo los descansos, dormir, caminar o incluso, permanecer sentadas es todo un reto, además de experimentar sensaciones nuevas en ocasiones dolorosas. En fin, creo que no soy la experta en poder hacer la lista infinita de aspectos que se ven modificados por la decisión de ser madre.

Luego sigue todo lo concerniente al nacimiento y crianza, en donde nuevamente aparecen  cambios corporales, también en sus actividades, sin dejar de mencionar lo que requiere la acomodación de las personas dentro de la familia con los nuevos integrantes. El rol de la madre cobra un papel fundamental no solo por el hecho de la alimentación, además, desde la concepción y en el parto a nivel orgánico se da una sintonía entre el binomio madre y bebé.

No quiero con esto excluir la importancia del rol que juegan los demás cuidadores en la formación de esta nueva persona que llegó a ser parte de la familia, sino que quisiera centrar este escrito a las madres.

También hago un paréntesis para incluir a quienes deciden ser madres adoptivas que, aunque no presenten cambios físicos por el embarazo, igual comienzan a vivir una experiencia llena de transformaciones que equivalen a renuncias, aprendizajes y experiencias completamente desconocidas. Veo cómo este rol detona unos retos personales importantes y de diferentes maneras, afectando en mayor o menor medida el área emocional y psicológica de las madres.

En mi profesión no me es desconocido como los cambios nos ocasionan angustia a los seres humanos. De acuerdo a nuestras creencias, vamos a percibir mayor o menor capacidad para enfrentar estos nuevos escenarios y percibir de manera positiva o negativa lo que se presente en este proceso.

Dentro de la psicología hablamos de estrategias, como aquellas herramientas que tenemos para enfrentar las situaciones de cambio.  Venimos dotados con dos muy conocidas: la famosa “huida-ataque”, fundamental para la supervivencia, ya que de alguna manera es comprensible que en la búsqueda para sentirnos mejor, podamos hacer uso de la conducta de escapar, evitar o tratar de eliminar la vivencia interna negativa. El alivio inmediato asociado al escape de la emoción, es un reforzador tan potente que casi todos los seres humanos somos, hasta cierto punto, “evitadores vivenciales” aún cuando los efectos a largo plazo sean nefastos.  

En el caso particular que venimos describiendo a lo largo de este escrito, vamos a ver cómo cada etapa que supone la maternidad trae consigo unos cambios y retos constantes, los que no necesariamente van a ser experimentados de forma agradable; es allí donde cobra relevancia el comenzar a trabajar en herramientas que permitan fortalecer la segunda estrategia con la que venimos dotados, en este caso en vez de nombrarla como “ataque”, sería ideal mencionar la palabra “aceptación”, que lejos de significar resignarse o soportar una situación, es justo lo contrario: se fortalece el cambio al abrazar el momento presente y aceptar todo lo relacionado al proceso de cambio. Es decir, significa mantenerte con tu “yo” psicológicamente y abrazar cuanto se presente en el nivel de las experiencias. 

Siempre es posible cambiar una conducta, pero la nueva, muchas veces, resulta incómoda o extraña o nos recuerda la vulnerabilidad de heridas anteriores. Como la historia personal no se puede cambiar y los sentimientos, pensamientos, recuerdos y sensaciones solo cambian gradualmente, es necesario contar con la aceptación para seguir adelante con el cambio emprendido.

Es por esto que te invito mamá o familiar, a que leas esto si en algún momento percibes dificultades en tus estrategias para asumir estos cambios. Quiero que sepas que en consulta encontrarás un profesional dispuesto a acompañarte y ayudarte para que este proceso sea una experiencia de aprendizajes positivos y enriquecedores.

 

Psi. Tita Builes 

Mg. en Psicología 

Mg. en terapias psicológicas de tercera generación 

Terapeuta en EMDR

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