¿Cuándo y cómo pedir ayuda en salud mental?

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Para la mayoría de las personas es obvio cuándo se debe consultar a un especialista para curar alguna dolencia especifica de su cuerpo. Todos sabemos cuándo acudir al ortopedista, al dermatólogo, al ginecólogo o al urólogo, entre muchas otras especialidades. Sin embargo, pareciera existir un estigma generalizado en torno al momento de consultar al psiquiatra o al psicólogo, pues en la tradición oral de nuestra sociedad, pareciera que quien busca estas especialidades tiene un “grave problema”, es tildado de “loco”, de “empeliculado” o de “débil” por pedir ayuda.

Tal estigma es una realidad más frecuente de lo que quisiéramos, una realidad que abruma, pues el señalamiento es tan poderoso, que es el responsable de la alta tasa de muertes por suicidio en nuestro país. Pues las personas mueren pensando equivocadamente que las enfermedades que afectan la mente y el comportamiento se tratan de una debilidad mental, de un trauma no superado o de una brujería, y al no encontrar solución a estas posibles causas, toman una decisión diferente a la que pudieran tomar si consultaran a tiempo y recibieran tratamiento.

Al igual que cualquier enfermedad que afecta el cuerpo, las enfermedades mentales tienen un excelente pronóstico cuando son detectadas a tiempo y se les inicia un tratamiento de forma oportuna. De ahí la importancia de concientizarnos a todos, bien sea pacientes, familiares o amigos, de la necesidad de reconocer la salud mental como una prioridad que, a propósito, en el mes de octubre se conmemora el día mundial de la salud mental.

Por siglos, ha existido cierto tabú e incomprensión hacia la salud mental. Tal es la intensidad, que incluso existen movimientos “antipsiquiatría”, historias de terror relacionadas con situaciones adversas del pasado histórico de la medicina y que hacen parecer al mundo a la psiquiatría, como si se tratara de una ciencia oculta, que en lugar de beneficios, le genera más daños a los pacientes, cuando esto no es cierto en lo absoluto. También la ficción hollywoodense ha tenido una fuerte influencia en este aspecto, pues a través de películas y documentales, se ha intentado ridiculizar y estigmatizar las intervenciones de salud mental actuales, comparándolas con las practicas de los siglos pasados en los cuales ninguna rama de la medicina contaba con la tecnología y recurso con la que se cuenta hoy en día.

Por esto, mi tarea es ampliar un poco la perspectiva, favorecer la reducción del estigma en cada una de las intervenciones que se proponen, con el objetivo final de que las personas comiencen a darle prioridad a su salud mental.

Tendemos a considerar que estamos sanos, cuando no tenemos ninguna dolencia física, cuando en el chequeo medico de rutina nuestros exámenes van bien, pero pocas veces le damos importancia a nuestras emociones, sentimientos, conductas y relaciones interpersonales, aspectos que son claves para determinar si contamos con un bienestar emocional y psicológico adecuado.

Por supuesto que en la salud mental intervienen múltiples aspectos, como la situación familiar, la red de apoyo, la situación social y económica y, en algunos casos, una dificultad permanente en alguno de esos ámbitos puede generar síntomas emocionales de estrés, tensión e incertidumbre, siendo completamente normal y esperable. Sin embargo, cuando dichos síntomas se comienzan a presentar de forma muy frecuente, muy duradera, aparecen de forma desproporcionada o en ausencia de un desencadenante, ya no hablamos de algo normativo sino, probablemente, de un compromiso en la salud mental.

También existen casos contrarios en los que, en ausencia de dificultades o adversidad, aparecen sintomas afectivos, de depresión, ansiedad, o problemas de sueño. La explicación para esto es simple, y es la vulnerabilidad biológica y genética. Para que se desarrolle una enfermedad mental debe existir una vulnerabilidad de este nivel (genético o biológico), que usualmente cuando interactúa con un factor ambiental estresante, comienza a detonar los síntomas de una enfermedad mental, bien sea la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático, el trastorno obsesivo, la enfermedad bipolar, entre otras.

Entonces ¿por qué las personas que consideramos no tienen problemas, también padecen enfermedades de la mente o de las emociones? Porque se trata de una serie de patologías de origen neuroquímico, donde interviene un desbalance en la producción y metabolismo de ciertas sustancias en el cerebro. Al igual que en la hipertensión arterial, que se da un desbalance químico, pero se encuentra en los vasos sanguíneos; así como ocurre en la diabetes, en la que el desbalance químico se encuentra en el páncreas o al igual que el hipotiroidismo, en el que el desbalance se encuentra en la glándula tiroides. Pudiéramos dar ejemplos de cada una de las enfermedades que se originan en nuestro cuerpo, secundario a un desequilibrio en la producción de sustancias.

Cada persona es diferente y una misma situación no nos afecta a todos de la misma manera, al igual que una enfermedad similar no se manifiesta de igual forma en una persona que en otra.

Cada afección de salud mental tiene sus signos y síntomas específicos, pero como generalidad, es importante que sepas que es vital buscar ayuda en caso de:

  • Cambios anímicos frecuentes (pasar de la felicidad a la tristeza o a la ira fácilmente).
  • Estado de ánimo persistente triste la mayoría de los días. 
  • Preocupación constante y excesiva por cosas cotidianas. 
  • Pensamientos constantes y molestos que no es posible controlar.
  • Sintomas físicos como dolores, fatiga, brotes o alergias persistentes sin causa aparente.
  • Ataques de miedo intenso sin explicación alguna.
  • Dificultades para conciliar o para mantener el sueño en las noches, pesadillas constantes.
  • Comer por ansiedad, pelear con la comida para bajar de peso, inducirse vómito o purgas después de comer. 
  • Explosividad, irritabilidad o agresividad frecuentes.
  • Problemas de concentración o de la memoria que impacten en la vida diaria de forma importante.
  • Consumo de sustancias psicoactivas buscando mejorar su estado emocional.
  • Conductas repetitivas sin sentido que considere irracionales, pero no pueda detenerlas.
  • Ideas negativas con la vida, ideas de quererse morir o ideas de suicidio.
  • Pensamientos inusuales, escuchar cosas que no ve, ver cosas que nadie más puede ver, entre otros.

Si te sientes identificado con alguno de estos síntomas no te preocupes, la mayoría de personas consideran que son parte normal de la vida o que lo pueden manejar solos, para evitar la vergüenza de verse vulnerable. Hay que entender que cualquier ser humano se puede enfermar, pero que también se puede curar. 

Si en algún momento has dudado de buscar ayuda por algún motivo relacionado a la salud mental, es importante no dejar pasar más tiempo, pues mientras más temprano se inicie un tratamiento adecuado, más rápida y completa será la recuperación. 

Dra. Alejandra Gutiérrez
MD. Especialista en Psiquiatría – UdeA
Ms. en Terapias Psicológicas de Tercera Generación -VIU
alejandragutierrez@cuerpoymente.com.co


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