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¿Qué ocultamos por debajo de las máscaras que usamos ante los demás?

Todos los seres humanos tenemos un lado vulnerable, hay aspectos de nosotros mismos que es difícil exteriorizar porque tememos a las consecuencias y nos sentimos frágiles.

Conectarse con esa parte sensible es doloroso y genera sufrimiento emocional y, por lo tanto, optamos por usar máscaras para ocultar esa vulnerabilidad, luchamos para que no se nos active el malestar emocional que genera sentirse frágil y preferimos diversas formas de protegernos, ¿pero de dónde viene esa vulnerabilidad? ¿cuáles son esas máscaras que nos protegen?

Para dar respuesta a estas preguntas debemos primero remontarnos a la infancia y tener en cuenta diversas variables que influyen en que una persona desarrolle lo que llamamos en términos más coloquiales “Trampas Vitales” (Young) o en términos más técnicos “Esquemas maladaptativos tempranos”, es decir, patrones de vida que se generan en la infancia y se mantienen a lo largo de la vida y determinan nuestra forma de pensar, sentir, actuar y relacionarnos con los demás. Por ejemplo, si en la infancia fuimos abandonados, privados, maltratados, rechazados, etc, mantendremos la creencia que los demás nos van a abandonar, a privar, a maltratar, a rechazar y, por lo tanto, sentiremos un alto malestar emocional y actuaremos de formas determinadas para evitar este resultado.

Según Jeffrey Young, creador de la terapia de esquemas, todas las personas nacemos con cinco necesidades emocionales básicas que deberían ser satisfechas por los principales cuidadores:

1. Vínculo seguro con los demás (seguridad, estabilidad, cuidados y aceptación).
2. Autonomía, competencia y sentido de identidad.
3. Libertad para expresar necesidades emocionales.
4. Espontaneidad y juego.
5. Límites realistas y autocontrol.

¿Qué tanto necesitemos de cada una de estas necesidades emocionales?, está determinado por nuestro temperamento que es la parte genética de nuestra personalidad. Es por eso que en una misma familia uno de los hijos puede requerir mayor acompañamiento o expresiones de afecto, que otro quien puede mostrarse más autónomo, pero requerir mayores limites afectivos.

Cuando estas necesidades emocionales no son satisfechas y además vivimos experiencias traumáticas, y sumado a esto, no se desarrolla un apego seguro con la figura de apego principal, es muy probable que desarrollemos esquemas maladaptativos tempranos y debido a esto comenzaremos a implementar estrategias de afrontamiento para sobrevivir al medio en el que nos encontramos. Es importante resaltar que estas estrategias son funcionales en la infancia, ya que es una forma de adaptarnos al medio en el que crecimos, pero en la adultez ya no son adaptativas, puesto que el adulto puede implementar estrategias más funcionales y el ambiente en el que vive es diferente.

Esas estrategias de afrontamiento es lo que llamamos máscaras, es decir, que en situaciones en la adultez en las cuales nos sentimos parecido a situaciones nocivas de la infancia, es probable que se activen los esquemas maldaptativos tempranos, nos sentiremos vulnerables y, por lo tanto, haremos uso de esas conductas o comportamientos ya que fue lo que aprendimos en la infancia. Esas máscaras son diferentes facetas de nuestro self, de nuestro si mismo, que ante situaciones determinadas se activan y tienen una función protectora.

Podemos identificar múltiples máscaras, vamos a definir 4 principales a partir de las cuales se pueden desglosar otras:

Rendido/sumiso: con el objetivo de evitar agresiones y otras consecuencias desagradables, la persona se somete a los deseos del otro pasando por alto los propios deseos. Suprime sus necesidades emocionales por miedo a lo que pueda suceder (ser abandonado, rechazado, juzgado, criticado, etc.). Conductas: ser obediente, actuar de acuerdo a lo que los otros esperan de uno mismo, permitir abusos, maltrato.

Protector aislado: el principal objetivo es evitar el malestar emocional. El paciente se desconecta de sus propias emociones actuando de forma robótica o muy racional.

Conductas: las personas se pueden oponer a recibir tratamiento psicológico, se sienten vacías, aburridas, pueden despersonalizarse o presentar desrealizaciones. También se pueden mostrar cínicos y pesimistas con el objetivo de alejar a las personas.

Autotranquilizador: la persona busca distracciones para evitar sentimientos negativos por medio de dormir en exceso, abusar del alcohol o las sustancias psicoactivas, trabajar en exceso o ser compulsivo con el juego, el internet, el sexo o los deportes. Se justifica de forma insistente y racional.

Sobrecompensador: es el conjunto de formas en que una persona busca aliviar el malestar emocional que genera la activación de los esquemas por medio de exageraciones.

Conductas de autoengrandecimiento (se muestra arrogante, egoísta, abusador, critico, es irónico y agresivo, humillando a quienes lo ofendieron), de ataque (por temor a ser controlado o herido por las otras personas, se anticipa buscando controlar a los demás por medio de amenazas y agresiones), comportamientos obsesivos controladores (el individuo busca controlar por medio de predecir y controlar excesivamente todas las contingencias ambientales y supuestas amenazas), etc.

Todas estas facetas que mostramos de nosotros son las estrategias a las cuales nos aferramos para evitar sufrir. Creemos firmemente que asumiendo estas conductas vamos a lograr sentirnos mejor, vamos a evadir el sufrimiento, pero finalmente las consecuencias de estas máscaras son tan negativas (alejamos a los otros, vivimos sin sentir emociones, ponemos nuestras necesidades en un segundo plano etc.), que debemos cuestionarnos la funcionalidad de estas.

La invitación es entonces, a identificar nuestras propias máscaras y a buscar sanar ese niño interior, el cual es vulnerable y se encuentra detrás de estos comportamientos. Lo que quisiéramos lograr seria prescindir de estos estilos de afrontamiento y disminuir el temor a mostrarnos vulnerables.

Finalmente, todo esto es una forma de defendernos. Nos sentimos tan frágiles que es mejor protegernos con estos estilos de afrontamiento, pero recordemos que el ambiente en el cual estamos ahora es diferente al de la infancia y que podemos aprender otras formas de hacer frente al dolor emocional.

Escrito por: 
Psi. Daniela Beltrán 
Psicóloga Clínica 
Mg en Psicoterapia 
Terapeuta de esquemas 

BIBLIOGRAFIA:

Young, J., Klosko, J. & Weishaar, M. (2013). Terapia de esquemas. (1ª. ed.). Bilbao:
Desclée de Brouwer.
Young, J. and Klosko, J., 2012. Reinventa tu vida. Barcelona: Paidós.

 

 

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